Leyenda de la Barquilla

LEYENDAS DE LA CRUZ Y LA BARQUILLA



Al llegar la Virgen a la pequeña cruz que se encuentra apenas unos trescientos metros del Santuario, en la Romería de traída a Villena es donde se le coloca el cinto de Peregrina, con el que llega hasta la Iglesia de María Auxiliadora, en los Salesianos donde se le quita éste cinto, sobre esto existía una pequeña controversia entre, los que opinaban que una vez se la ha quitado el cinto a Ntra. Patrona se acaba la Romería, por lo cual el traslado hasta la Arciprestal de Santiago debería ser en procesión, cuando en realidad el único fin del cinto de peregrina no es otro que el de preservar del polvo del camino.
Pero volviendo a la historia de la Cruz hace unos años un romero me pregunto el porque se ponía allí, yo empecé a contarle la historia de la familia encargada de colocar el cinto, familia de Valencia descendientes de Villeneros y que desde antaño son los encargados de éste cinto, y nunca digo bien nunca, han faltado a ésta cita con la Morenica, incluso teniendo a un familiar de cuerpo presente, se desplazaron a Villena para seguir con la tradición encargada por sus Ancestros, el romero en cuestión sabia de ésta Historia más que yo e incluso me conto que conocía muy bien a esta familia que le honraba con su amistad, lo que el romero quería saber era un poco la historia de la Cruz.
Existen versiones o leyendas que relacionan a la cruz con hechos, o leyendas acerca de la Barquilla; Sobre esto son varias las versiones encontradas, alguna está reflejada en los azulejos que narra la historia de la Virgen, y que se encuentran en el Claustro del Santuario, concretamente en el azulejo nº VII, vemos a unos frailes atendiendo a una mujer herida, y un hombre huyendo, bajo leemos esta leyenda: Un caballero celoso clava el puñal en el pecho de su inocente esposa en las inmediaciones del convento, a los gritos de la infeliz mujer que invoca a Ntra. Patrona, acudieron los frailes y el guardián arranca el puñal, quedado todos asombrados al ver que la señora se encuentra completamente sana sin señal de herida alguna,
Algunas versiones, sostienen, ubican el origen de la cruz como termino de las propiedades del Santuario y principio del camino a Villena, no en vano en aquellos tiempos solo existía un camino de acceso al Santuario, que era bordeando la laguna, en varias ocasiones he escuchado distintas versiones sobre ésta cruz algunas relatando hechos luctuosos, u apariciones milagrosas, como la que cuenta que donde se encuentra la Cruz fue donde apareció el Cautivo Miguel Díaz en la laguna próxima al santuario.
Don José Zapater en su libro Historia de Ntra. Sra. De las Virtudes nos cuenta la historia de LA BARQUILLA, y aunque en ellas no hace mención en donde aparecía la Barquilla es de suponer que fuese en ésta Cruz, solo la última está relacionada con los azulejos del Claustro Santuario, a los que hacia referencia anteriormente.
LA BARQUILLA:

La tradición ha venido conservando de padres a hijos la noticia de que en el convento de las Virtudes habían existido desde sus primitivos tiempos, objetos presentados a la Santísima Virgen como ofrendas de gratitud por grandes y extraordinarios beneficios alcanzados con su auxilio.
De muy buena gana hubiéramos querido enumerar esos gratísimos recuerdos de la piedad de nuestros antepasados; pero desgraciadamente sólo queda de esas especiales ofrendas, un recuerdo vago e indeterminado conservado por tradición, pues e tiempo que todo lo consume y devora, tiene un poderoso auxiliar en la incuria; y hasta de uno de esos recuerdos, que debe ir unido a una historia caballeresca, interesante y tierna a la vez, no hemos podido encontrar datos concretos y terminantes.
Nos referimos a una barquilla o pequeño esquife, formado de una piel de toro o vaca, al parecer, que por un espacio de algunos siglos estuvo pendiente de la bóveda del templo del convento de las Virtudes, y hace dos años vimos con gran pena desvencijado y como envuelto en el manto del olvido en uno de los rincones de dicha Iglesia.
Muchos relatos hemos oído acerca de la procedencia de aquel bote, pero aún cuando todos difieren en los detalles, todos convienen también en que aquella navecilla representa un hecho maravilloso por la intervención visible de Nuestra Señora de las Virtudes.
Efectivamente, hemos oído decir en nuestra infancia a los más ancianos de la ciudad de Villena que, hallándose cautivo entre moros un caballero de Villena, se encomendó tan fervorosamente a la Virgen de las Virtudes, que con su auxilio y protección pudo escapar de la mazmorra en que gemía, se lanzó al mar una noche en el endeble bote que pudo procurarse, y al amanecer del día se encontró en la Laguna de Villena, desembarcando cerca del convento con auxilio de los frailes que fueron a salvarle, y emprenda de su gratitud y reconocimiento, dejó en el monasterio el bote en que tan milagrosamente se salvó.
Otros dicen que un caballero que iba navegando por las costas africanas, se vio envuelto en una deshecha tempestad, y en eminente peligro de perecer entre las olas, o de ir a parar a uno de los puertos de los moros; y que habiéndose acogido al patrocinio de la Virgen de las Virtudes, pudo salvarse en la lancha referida, la que después llevó al convento y ofreció a la Santa Imagen en memoria de semejante prodigio.
Hay quienes aseguran que en la barquilla en cuestión, llegaron por la Laguna a las cercanías de la Fuente del Chopo, los dos peregrinos o extranjeros que conducían la caja en que se encontró la Santa Imagen; pero esta versión no parece aceptable, tanto porque la Laguna ocupaba una extensión limitada dentro del término de Villena, y no se comunicaba, según parece, con ninguna otra población en la que pudieran haberse embarcado dichos peregrinos, cuanto porque nada dice sobre ella la tradición, ni es la más admitida de la generalidad de los Villenenses.
Parece que en una comedia que lleva el título de <>, escrita en verso por don José Mazo, y de la que sólo he podido ver algún fragmento, le da otro origen a la expresada barquilla, y es el siguiente: Hallándose cerca del convento de las Virtudes un caballero, dio una puñalada a una señora, por causa de celos, y huyó en seguida el agresor, dejando clavado el puñal en e pecho de su victima. A los lamentos de ésta llamando ala patrona de Villena, acudió la comunidad, y el Prior, invocando a su vez el nombre de la Virgen de las Virtudes, arrancó el puñal del pecho de la señora, quedando ésta buena y sana instantáneamente. El caballero, que había huido, arrepentido de su delito y encomendándose a la misma Virgen, pudo embarcarse, pero cayó en poder de los moros, y al cabo de algún tiempo se salvó en una barquilla hecha con la piel de una vaca o de toro, y en ella arribó a las playas españolas, en donde supo que su delito no había tenido el desastroso desenlace que él creía y era de esperar. Entonces regresó a Villena, y arrepentido de su crimen, llego al convento de las Virtudes, purificó su conciencia con el sacramento de la penitencia, y ofreció a la Santa Imagen la barquilla que le sacó del poder de los infieles.
Esta leyenda figura como otro de los milagros de la Virgen de las Virtudes, que forman la orla de una estampa que hizo litografiaren Madrid, en la primera mitad de este siglo, el célebre y distinguido jurisconsulto natural de Villena y domiciliado en dicha corte, D. Ventura Narciso Selva.
Pero la versión más admitida y más constantemente aceptada, atribuye a dicha barquilla un origen histórico más patriótico, más caballeresco y menos dolorosa y triste que los que quedan indicados.
En efecto, refieres con relación a un documento histórico, que en 1575, la escuadra turca sitió la isla de Malta; y el capitán general y virrey de Sicilia, D. García de Toledo, deseoso de conocer de un modo exacto y preciso la situación de los sitiadores y los medios de que podría valerse para dar auxilio a la isla, buscó un hombre de valor y de genio para que entrase en Malta y entregase unos pliegos al gran Maestre. El elegido para tan arriesgada y difícil empresa, fue el capitán D. Juan Martínez de Olivencia, natural de Villena guerrero experimentado y ducho, que en las expediciones que en aquellos tiempos se hacían con tanta gloria como frecuencia a los mares de las Indias, había adquirido grandes conocimientos en el arte de la guerra, realzados con un valor indomable y con una voluntad de acero.
El de Olivencia aceptó gustoso tan peligrosa misión; hizo sus preparativos, siendo el principal la construcción de una pequeña barquilla de una piel de toro, la que sólo podía contener una persona; y en medio de la oscuridad de la noche se lanzó al mar, penetro en Malta, entregó al Gran Maestre los despachos del Virrey; sacó un plano del sitio, y por medio de hogueras, señales convenidas, avisó a la armada española, desembarcó gente, y desde la isla de Gozzo estuvo trece días el de Olivencia dirigiendo las operaciones de auxilio, hasta que la escuadra turca levantó el sitio.
Realizada tan ardua empresa, D. Juan Martínez de Olivencia, que para emprenderla, se había encomendado a su Patrona la Virgen de las Virtudes, de quien era especial devoto, guardó cuidadosamente la débil barquilla en que entró y salió varias veces en la isla, y cuando regresó a Villena la ofreció a la Santísima Virgen, colgándola en la bóveda del templo del convento, de donde cayó hace pocos años.
Felipe II recompensó al de Olivencia, concediéndole por Real Cédula, fechada en Aranjuez a 20 de Octubre de 1576, que su escudo de armas, que hasta entonces se componía de dos torres de plata en campo colorado, se acrecentase con una cabeza de vaca en campo azul, un monte de fuego y la barquilla.
No hemos podido ver la Real Cédula en cuestión, que parece conservan todavía los descendientes del célebre capitán D. Juan Martínez de Olivencia, que viven en Villena; pero se nos ha dado como auténtica y exacta su cláusula principal que dice así:
<>.

* * *

Estas son las diferentes versiones que se conocen sobre el origen de ese esquife; y como se ve en todas ellas figura la intervención de la Virgen de las Virtudes. Pero sea cual fuere la verdadera historia de ese bote, el hecho de ser un objeto de tanta antigüedad, y al que van unidas tan interesantes y tiernas narraciones referentes a la protección dispensada por la Virgen de las Virtudes a los hijos de Villena, debiera ser bastante para que se procurase la restauración y conservación de aquella barquilla, ya que a tan poca costa puede hacerse.
Como podemos ver en éstos relatos, la historia son hechos y realidades, dejando claramente que la Cruz y la Barquilla lo único que las relacionaba eran leyendas, y a todas estas leyenda hay que añadir otra, mas creíble que hace años leí en la revista Villena nº 19 del 16 de marzo de 1974. Escrita por Gotor, por suerte aun conservo ésta revista en la pagina 5 hay un articulo titulado LEYENDA DEL NOVICIO, leyenda que a su vez el autor saco del libro del Dr. Tarruella Rico “TOPOGRAFÍA M. VILLENENSE” TOMO II PAGINA 109, y dice así:
“se remonta ésta leyenda a los primeros años de la creación del Santuario de Ntra. Patrona ocupado por frailes Agustinos. Un novicio que hasta entonces había seguido una vida ejemplar, se enamoró de una gentil pastora de los alrededores y no pudiendo resistir más la tentación, una noche serena y apacible, abandono el convento y fugose con la pastora que había ido a buscarle. No se habían alargado apenas unos cuatrocientos metros del convento, cuando sin que se alterara la tranquilidad de la noche, un rayo violentísimo cayó sobre ellos hendiendo de paso un árbol corpulento. Despertados los frailes de un hecho tan insólito y notando la falta de uno de ellos salieron a buscarle, encontrándole aún con vida junto a la pastora carbonizada; el novicio hizo confesión contrita de su culpa y murió al ser trasportado al monasterio. en el sitio se levanto en medio de una gradería circular una cruz que persiste en la actualidad; unos veinte metros más allá y según cuenta la tradición a principios del siglo XX aún podía observarse el inmenso ciprés desgajado por la descarga eléctrica”
Ésta cruz fue derribada en la última guerra y luego vuelta a erigir donde se encontraba y donde se encuentra actualmente, y es aquí donde se le coloca a la Morenica su cinto de Peregrina cada vez que bien a visitarnos.


Villena junio 2010
Pepe Galbis


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